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Aquejada de una enfermedad degenerativa incurable, ayer tuvo que ser dormida para siempre.

La recogimos hace años de una infancia de maltrato, que la convirtió en un animal siempre asustado. Jamás mordió, jamás desobedeció y apenas ladraba; pasó toda su vida pidiendo perdón por algo que nunca hizo, encogida y con la cabeza gacha. Quizás por eso fue mi debilidad. Y por eso lloré tanto por su muerte.

Anoche pude acariciarle la cabeza mientras se marchaba, y no dejé de hablarle en ningún momento, mientras dejaba que me viera. Le dije lo que le decía siempre: mi niña buena, mi niña buena, mi niña buena …

Hasta siempre, mi niña buena.

Esta entrada se colgó el Martes, Enero 27th, 2009 at 17:30 y está archivada en Personajes. Suscríbete a los comentarios RSS 2.0 feed. Puedes dejar un comentario, o enlazar desde tu web.