El colectivo Rosas Verdes está compuesto por afiliados, simpatizantes y colaboradores del PSOE. Desde nuestra condición de socialistas, reivindicamos una política diferente sobre la cuestión del cannabis, no represiva, y que contemple la regulación de su uso y consumo. Una visión socialista sobre lo que no es un problema sanitario, ni de orden público, sino político. Quiere ser este un espacio de información, que incite a la reflexión y al debate no solo dentro de la sociedad sino también, y sobre todo, dentro del Partido Socialista.

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Gracias a DDAA, por los links

Ha muerto Gaspar Fraga

gaspar fraga

Foto © DDAA

Hace unas horas que nos ha dejado, a los 65 años bien vividos, Gaspar Fraga, veterano activista y fundador de la revista ‘Cáñamo’.

Figura del underground hispano, hizo de la Barcelona canalla su campo de batalla, y del Madrid golfo de los 60, su universidad de la vida. Sacó adelante la revista referente del activismo cannabico, que diez años después llega a los 50.000 ejemplares y tiene ediciones más allá del charco. Se divirtió haciendo lo que hizo, y fue feliz peleando por lo que creía justo.

Con él se va todo un pedazo de historia del activismo de este país, un luchador por la libertad, y un cachondo.

Rescato del Cannabiscafé -la que fuera su casa en la Red desde el año 2001-, el breve pero intenso homenaje del Druida, a través de las palabras con las que Gaspar arrancara el discurso en la cena de agradecimiento que le dispensaron los amigos hace apenas una semana:

“Quiero hablaros de la rebeldia, porque la rebeldía es lo que me ha llevado hasta aquí, sin la rebeldía no hubiera existido la tierra siquiera, sin la rebeldía del adolescente, del niño que empieza de forma natural sin que nadie le enseñe, la rebeldia es la que hace derrotar barreras y es la que transforma la sociedad, han sido las revoluciones las que nos han llevado a mejor. Para ello os contaré entonces la vida de un rebelde que ha llegado hasta aquí” (se levanta) …

Descansa en paz, Gaspar, ya nos veremos.

La foto de marras me niego a reproducirla, le dejo el trabajo sucio al moralista corpiñeiro de ‘El Mundo’ y al resto de la caverna peperasta.

Casco una mía, con 17 años, en los camerinos del Rockola allá por los primeros 80. Probablemente, la más decente que tengo 🙂

yosoygotico

Yo también levanto el puño

Fusilado a saco del blog de Pablo Pando (eres grande, compañero), a sugerencia de Netoratón. Y suscrito hasta la tinta:

Las críticas que están surgiendo por parte de la derecha y la extrema derecha española sobre si es legítimo levantar el puño por parte de los dirigentes socialistas no son más que una reacción pseudo fascista.

El Partido Socialista Obrero Español es un partido con 130 años de historia y desde su fundación los militantes socialistas, no todos, y no siempre, hemos venido cantando La Internacional y levantando el puño y lo hacemos en señal de recuerdo por lo que significa la historia del Partido Socialista y de respeto por la memoria de los compeñeros y compañeras que ya no están. Por los que tuvieron que exiliarse, los que fueron detenidos, torturados y/o asesinados por los ancestros políticos de quienes ahora nos critican por levantar el puño.

Y levantamos el puño porque mientras siga habiendo marquesitas seguirá habiendo socialistas con el puño en alto.

‘Aunque digan que aquí no podemos hacerlo’

Algunos recordarán la delirante acusación que un juez argentino realizara contra el músico Andrés Calamaro, después de que este pronunciara en un concierto de Los Rodríguez en el año 94 la frase: “Me estoy sintiendo tan a gusto que me fumaría un porrito”. Diez años después, fue absuelto.

Pues bien, otra vez un juez trasnochado a venido a acusar a Calamaro de ‘apología del consumo’, tras la celebración que el cantante hiciera -en un local privado- del reciente fallo de la Corte Suprema que despenalizó la tenencia para consumo personal en Argentina. Aquí, el vídeo del terrible delito:

Andrés, compadre, esta noche me fumo uno a tu salud.

Decíamos ayer …

Hace hoy justamente diez años, los socialistas hablábamos así, ni más ni menos que en sede parlamentaria ¿Qué ha cambiado desde entonces?

No me contesten, que es retórica …

CORTES GENERALES
DIARIO DE SESIONES DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS
PLENO Y DIPUTACIÓN PERMANENTE
Año 1999 VI Legislatura Núm. 227
PRESIDENCIA DEL EXCMO. SR. D. FEDERICO TRILLO-FIGUEROA
MARTÍNEZ-CONDE
Sesión Plenaria núm. 219
celebrada el martes, 13 de abril de 1999

Por el Grupo Socialista, la señora Varela tiene la palabra.

La señora VARELA VÁZQUEZ: Gracias, señor presidente.

Señorías, se va a someter a votación para su toma en consideración una proposición de ley de modificación de la Ley orgánica 1/1992, de 21 de febrero, sobre protección de la seguridad ciudadana, en relación con la tenencia de drogas para el consumo propio. El objetivo de la redacción propuesta, al suprimir la expresión «así como la tenencia ilícita, aunque no estuviera destinada al tráfico», limita la aplicación del citado artículo 25 de la Ley de seguridad ciudadana únicamente al consumo en lugares, vías, establecimientos o transportes públicos de drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas, siempre que no constituya infracción penal, así como el abandono en los sitios mencionados de útiles o instrumentos utilizados para su consumo, manteniendo su calificación como infracción grave. En coherencia con la modificación propuesta, se suprime el mismo concepto de tenencia ilícita en el apartado 2 del artículo 29, que determina el ámbito material de la competencia de los alcaldes para imponer las sanciones correspondientes.

Pues bien, antes de entrar a valorar la coherencia técnica de la iniciativa formulada, quiero decir que cuando comienza la tramitación del proyecto de ley de seguridad ciudadana la situación de represión del tráfico de drogas en España tenía los siguientes problemas. En primer lugar, tanto el legislador español como la jurisprudencia del Tribunal Supremo no eran partidarios de someter a sanción penal a los consumidores de drogas y, así, la reforma de 1983 sancionó en el propio Código Penal la situación preexistente de no incriminación.

Pero esto acarreaba problemas, ya que el tráfico permanecía en muchos casos sin castigo, al quedar disfrazado ese pequeño tráfico como si fuera para consumo.

Por otra parte, el consumo en público generaba un rechazo hacia los toxicómanos. Ese rechazo se trasladaba a los centros de atención, que eran por cierto recibidos con hostilidad por los vecinos y eran percibidos sin duda como una amenaza para la salud de la comunidad.

Por tanto, la Ley de seguridad ciudadana estableció una sanción administrativa que permitió a España cumplir sus compromisos internacionales de sancionar el consumo de drogas de acuerdo con su derecho interno, establecido en varios convenios y convenciones internacionales y directamente recogidos en el texto de la Convención de Viena de 1988. Redujo sin lugar a dudas muy notablemente los consumos más escandalosos y los percibidos como amenaza por la sociedad, disminuyendo también el rechazo hacia los centros de atención, y también tuvo efectos positivos hacia el colectivo de consumidores, incitándoles a establecer, mediante la suspensión de la sanción si se entraba en un proceso de deshabituación, contacto con el sistema asistencial. Sin sancionarlos penalmente, se les lanzó el mensaje de que no era indiferente su tragedia personal y que se estaba en disposición de motivarles para que iniciaran tratamientos.Por tanto, en su día, el artículo 25 de la Ley sobre protección de la seguridad ciudadana tuvo un importante efecto positivo en la opinión pública, al disuadir de la práctica de consumos escandalosos, con un fuerte impacto en la sensibilidad ciudadana y que atribuía a los toxicómanos una imagen social que dificultaba su atención y reinserción social. No obstante, dicho efecto positivo, recogido por cierto en numerosos estudios sociológicos y encuestas, no es obstáculo en el Grupo Parlamentario Socialista para que podamos examinar algunos de los problemas que se han evidenciado en la aplicación posterior de la ley.

En primer término tenemos el problema de la criminalización de los toxicómanos. En los últimos años el número de detenidos por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado por cuestiones relacionadas con las drogas ha ascendido, pasando de 31.703 en 1994 hasta 78.847 en 1997 -en estas estadísticas no figuran las detenciones de las policías municipales-. De ellos, más de 44.000 lo son por cuestiones relacionadas con el cannabis. Sin embargo, en este mismo período de tiempo, descendió el número de procedimientos judiciales por tráfico de drogas, señal inequívoca de que cada vez se producen más detenciones sin que luego den lugar a un procedimiento. En segundo término está el problema de las sanciones. En la ley se calificó el consumo o tenencia pública como infracción grave sancionada con carácter mínimo con 50.000 pesetas; sanción evidentemente desproporcionada para una simple tenencia de sustancias que causen daño menos grave a la salud y que, en la práctica, dificulta la ejecución material de la misma sanción, que se impone normalmente a un colectivo que generalmente se declara insolvente.

Paradójicamente, una sanción menor tendría un mayor efecto disuasorio al ser más viable su cobro. Además, el hecho de que el caso de consumo por menores recaiga sobre sus padres es contraproducente.

El tercer problema es el de la no distinción entre sustancias, lo cual aboca en la inmensa mayoría de los casos a la interposición de la sanción mínima, sea cual sea la sustancia intervenida. Ello también crea problemas al sistema asistencial, ya que la sanción podrá suspenderse si el infractor se somete a un tratamiento de deshabituación en un centro o servicio debidamente acreditado. ¿Cuál es el tratamiento de deshabituación previsto para un consumidor ocasional de sustancias que no causen grave daño a la salud? ¿Cómo pueden determinarse reglamentariamente tiempos similares para el tratamiento de un consumo ocasional de psicofármacos y para el de una adicción a la heroína o cocaína? No se puede entender el mismo tratamiento para un fumador de hachís que para un heroinómano. No distinguir entre sustancias impide tratar de manera adecuada situaciones muy distintas de consumos muy diferentes de sustancias con efectos también diferentes.

El cuarto problema general es no haber protocolizado en su día, mediante acuerdos con las comunidades autónomas, cómo debe entenderse realizado este sometimiento a un tratamiento de deshabituación, que normalmente se considera imprescindible en los casos de adicción a drogas que causan un daño más grave a la salud. Tampoco debe hacerse la regulación de los programas mediante reglamentos de la Administración sancionadora, sino que deben quedar bajo la exclusiva responsabilidad del sistema terapéutico.

En cuanto a la coherencia técnica de la iniciativa formulada, cabe realizar las siguientes observaciones. La proposición de ley, al no suprimir la referencia «siempre que no constituya infracción penal» que contiene el artículo 25.1 de la ley, conduce al equívoco de que, dada la modificación propuesta, que excluye expresamente la tenencia ilícita como infracción sancionable, el consumo en lugares públicos sea un hecho que asimismo pueda constituir una infracción penal, supuesto claramente excluido del Código Penal vigente en su artículo 368, que únicamente sanciona la posesión siempre referida a los fines expresamente contemplados en el propio texto legal.

No tiene sentido por otra parte mantener como infracción administrativa en la legislación de seguridad ciudadana el abandono en los sitios mencionados de útiles o instrumentos utilizados para su consumo, ya que el Código Penal vigente, aprobado con posterioridad a dicha ley, ha establecido en el artículo 630 falta sancionable en el ámbito penal para los que abandonaran jeringuillas en todo caso u otros instrumentos peligrosos, de modo o con circunstancias que pudieran causar daño a las personas o contagiar enfermedades o en lugares frecuentados por menores, con penas de arresto de tres a cinco fines de semana o multa de uno a dos meses. Dicho de otro modo, la actividad de abandono en sitios públicos de útiles o instrumentos empleados para su consumo, tipificada como infracción grave en la Ley de seguridad ciudadana, ha quedado, por aplicación del Código Penal vigente, limitada al supuesto absurdo de abandono de útiles o instrumentos como mecheros o cerillas, papel de liar, etcétera, ya que el abandono de jeringuillas y otros instrumentos más peligrosos para la salud o la integridad de las personas recibe actualmente su correspondiente sanción en el ámbito penal.

Por último, los proponentes no cuestionan otros aspectos contemplados en la Ley de seguridad ciudadana relativos a medidas como la incautación de las sustancias utilizadas para el consumo en público o la procedencia del tratamiento alternativo de deshabituación, que puede suspender la sanción correspondiente.

Desde una óptica preventiva y con el objetivo de corregir los efectos que la propia aplicación de la norma ha revelado, ya citados anteriormente, al Grupo Parlamentario Socialista le parece interesante apoyar la proposición de ley, a pesar de que creemos que no contempla la globalidad de los problemas que existen en la actualidad y de que tenemos dudas sobre su redacción, pero nos permitiría utilizarla en la vía de enmienda para mejorar la eficacia y la eficiencia de la norma corrigiendo algunas de sus aplicaciones negativas e incentivando sus objetivos globales, como son motivar a los consumidores de drogas a cesar en sus consumos y a iniciar tratamientos sin criminalizarles en modo alguno, disminuir los consumos que son más vividos por la comunidad ciudadana como una agresión, disminuir el rechazo social a los toxicómanos y finalmente mantener el punto de equilibrio que la legislación y la jurisprudencia española han defendido siempre, conceptualizando el tráfico de drogas como un delito y el consumo ilegal de drogas como un problema que no se soluciona con medidas represivas sino preventivas y asistenciales.

Nada más. Muchas gracias. (Aplausos).

El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, señora Varela.

Frases célebres 8

“A las drogas ilegales se les exige que cumplan unas condiciones imposibles de encontrar en cualquier otro ámbito de la actividad humana, a saber, que todo el mundo se comporte con ellas responsablemente. En breve, todo lo que hacemos es susceptible de abuso, y si este abuso (de la religión, del deporte, del alcohol, del sexo, de la lectura, de la filatelia, etc.) no es un buen argumento para prohibir nada de esto, tampoco lo es para prohibir las drogas. La libertad precede a la responsabilidad, no al revés.”

DDAA

5 años sin ellos

Llega San Canuto

Como cada año, la comunidad cannabica hispana rinde culto a su patrón: San Canuto.

El próximo día 19 de Enero, una decena de ciudades ibéricas -y alguna del más allá- celebrarán el natalicio del rey danés, con festejos reivindicativos organizados por las asociaciones convocantes.

Os dejo el mapa con las localizaciones (cortesía de luiseman):


Ver mapa más grande

Decálogo socialista

Me perdonarán ustedes el offtopic, pero he encontrado esta joya en la bitácora de Paco Gracia, que me gustaría compartir: un curioso texto de 1915, extraído de la revista de las Juventudes Socialistas. Paco cuenta la historia.

Y, qué quieren que les diga, esta es una de esas cosas que le estrujan a uno -socialista irredento- el corazón.

Me gustaría dedicárselo a mi co-militante y amigo Carlos, seguro como estoy de que sentirá al leerlo las mismas emociones que yo.

Normalizar el cannabis significa alcanzar una situación de normalidad en todos los ámbitos sociales, es decir, en cuanto a percepción social, educación, sanidad, comercio, medios de comunicación, normas, etc. Muchos de esos cambios hacia la normalidad se pueden lograr por medio de leyes, pero otros son cuestiones sociales muy amplias y complejas que afectan a sentimientos muy arraigados en la población y que no se arreglan a golpe de boletín oficial.
Martín Barriuso

Hace unos meses os contábamos el resultado de una sentencia sin precedentes, y nos congratulábamos por el triunfo de la razón.

Ahora se ha escrito el siguiente capítulo de esta batalla que, con coraje y sentido común (ambos muy necesarios) están librando las asociaciónes cannabicas hispanas, por la normalización del consumo por parte de adultos: la creación de más de una decena de clubes de consumidores por toda España, y el inicio de otros tantos cultivos colectivos.

Buen ejemplo de ello son la asociación bilbaína Pannagh y la viguesa Ave María; la primera con su Club de Catadores, y los gallegos con su segundo cultivo colectivo.

¿Y cómo funcionan?

En el caso del club, su creación se acoge a un fundamento claro: la ley permite el consumo por parte de adultos, siempre que se realice en ámbito privado y que la marihuana sea exclusivamente para el consumo personal. Así, el club lo único que favorece es un espacio común, donde los socios del mismo pueden degustar su propia yerba, siempre en ese circuito privado. Los requisitos para mantenerse en la más estricta legalidad, serían:

– Mayoría de edad de los/as participantes
– Declaración escrita de la condición de consumidor/a
– Circuito cerrado
– Sin ánimo de lucro
– Cultivo en lugar privado

Para una información detallada sobre las características, la historia y el marco legal de estos locales, aconsejo la lectura de del magnífico artículo del presidente de Pannagh y la FAC, Martín Barriuso: Propuesta de modelo legal para el cannabis en el estado español.

En cuanto a los cultivos colectivos, de nuevo se acogen al supuesto del cultivo para el auto-abastecimiento, tan legal como el consumo privado. Los cultivadores se hacen responsables -con todas las consecuencias- de una parte de la plantación, entre todos sufragan los costes de la misma y se reparten los cogollos una vez cosechados.

La inspiración de un posible marco legal que amparara estas acciones, nace tras la publicación por parte de la Junta de Andalucía del informe jurídico Muñóz y Soto.

De estas iniciativas no solo se benefician los consumidores habituales, sino también los enfermos que tiene que acudir al mercado negro para adquirir lo que para ellos es un remedio. De hecho, gran parte de los asociados a los clubes y cultivos, son pacientes con dolencias como esclerosis, fibromialgia, cancer … que pueden evitar la angustia -añadida a su situación personal- de tener que comprar la yerba en la calle. Y, como toda acción de auto-cultivo y auto-consumo, supone un nuevo roto al mercado negro y la mafia (esa que tan alegremente, algunos nos acusan de financiar)

Una vez más esta sociedad muestra su capacidad de auto-regulación, harta de la pasividad de la administración (si exceptuamos su celo sancionador) ante un hecho imparable: aquí se consume y se cultiva.

Si no nos abren la puerta, saldremos por la ventana.

© 2008 Tema Yerba Garden 1.0 por El Insomne y Hashman