El colectivo Rosas Verdes está compuesto por afiliados, simpatizantes y colaboradores del PSOE. Desde nuestra condición de socialistas, reivindicamos una política diferente sobre la cuestión del cannabis, no represiva, y que contemple la regulación de su uso y consumo. Una visión socialista sobre lo que no es un problema sanitario, ni de orden público, sino político. Quiere ser este un espacio de información, que incite a la reflexión y al debate no solo dentro de la sociedad sino también, y sobre todo, dentro del Partido Socialista.

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fakehuana

Sería para reír, si no tuviera el origen que tiene la noticia:

Va a resultar que ahora hay variedades mucho más potentes de marihuana, fácilmente identificables por su aspecto. Y desconocidas hasta el momento, tal y como revela la Guardia Civil a un periodista gaditano. Una marihuana mutante, vaya, de propiedades fantásticas y cuyo precio en la calle por lo visto se dispara. Y detallan sus supuestas características morfológicas, con foto incluida.

Pues va a ser que no, merluzos: lo que hay en la foto del artículo (que adjunto) es, simplemente, una variedad índica (con más densidad de floración) y otra sativa (más espigada y de menor producción). Dos fenotipos básicos diferentes, que en absoluto condicionan su potencia. Y de desconocidas nada, que esta diferenciación tiene ya unos cientos de años.

Por cierto, también se refieren a la plantación como de ‘millares de ejemplares’. Algo francamente difícil cuando el récord de plantas incautadas en España está en 600-700.

Para ser periodista, no basta con el carnet. Y para ser experto en drogas, no basta con incautarlas.

Marihuana en la era Obama

Cada vez estoy más convenciudo de que el horizonte de la legalización está muy próximo. No solo por los movimientos en ese sentido en América Latina, sino, y sobre todo, por el cambio político en EEUU.

A respecto, me permito copiar íntegro un magnífico artículo, publicado ayer en Las Provincias, en el que el catedrático de Derecho de la UA, José Asensi Sabater, desgrana los motivos por los que cree que el mandatario americano no tendrá más remedio que enfrentarse a la cuestión de las drogas desde una óptica despenalizadora:

Entre las medidas que está tomando Barak Obama para voltear las políticas ultraconservadoras de las administraciones republicanas precedentes no figura ninguna referida a las drogas, o, más claramente, a la cuestión de la legalización de alguna de ellas, como la marihuana.

En un foro abierto en la Casa Blanca para que el presidente atendiera a preguntas “no políticamente correctas” de la ciudadanía, un número significativo de éstas se relacionaban con la legalización de la marihuana. A la gente le interesaba saber si el presidente se proponía hacer algo al respecto: Obama se limitó a dar un escueto “no” por respuesta.

Sin embargo, algo está cambiando en la mentalidad de los norteamericanos. En Nueva York, por ejemplo, ha estado vigente durante años la “Ley Rockefeller”, una ley draconiana, dictada en la década de los ochenta, que declaraba literalmente la “guerra contra las drogas” y que establecía penas de más de quince años de prisión (lo mismo que para un asesinato en segundo grado) a quienes se encontrara en posesión de más de ¡113 gramos de marihuana! Leyes similares existían en otros Estados de la Unión.

Ahora bien, la Ley Rockefeller ha sido tan inútil y los efectos de su aplicación tan catastróficos, que ha tenido que ser rectificada. En este mismo año, 2009, se ha aprobado una reforma que obligará a los jueces a suavizar sustancialmente las condenas, cuya finalidad principal será la rehabilitación del infractor. Este es el camino que siguen otros Estados, como California, Massachussets, etcétera.

Se da, por otro lado, una circunstancia inesperada: la crisis que padece la sociedad norteamericana, debido al crack financiero y económico, ha animado a ciertos grupos pro-legalización de la marihuana a una activa campaña para delatar lo que entienden que es un monumento a la hipocresía. Los datos adquieren en este momento una especial significación, a saber:

– Estados Unidos es el país con más “criminales” del mundo. Como destaca la revista “Parade”, y se sabe por las estadísticas, la población norteamericana, que es el cinco por ciento de la población mundial, tiene el 25% de la población reclusa total del planeta. Aproximadamente, la mitad los arrestos que se practican en ese país están relacionados con el tráfico y consumo de marihuana. Son cifras nada desdeñables (por no hablar de la proporción de población reclusa de raza negra y de gente arrojada a la marginalidad).

– Se calcula en cientos de miles de millones de dólares lo que el Estado se gasta en gestionar las prisiones, la policía y los tribunales de Justicia, como consecuencia de la represión del narcotráfico. En algunos Estados, como California, más del diez por ciento de los impuestos van a parar a la represión de estos delitos. Hay gente que se pregunta si no sería más sensato que estos recursos se destinaran a infraestructuras, educación, servicios públicos, sanidad, investigación, o a la formación para la vida y la rehabilitación de las personas que lo necesiten.

– La penalización del tráfico y del consumo de drogas no tiene su basamento en la Constitución de los Estados Unidos (como sí la tuvo, durante algún tiempo, la del alcohol). De hecho la actual legislación antidroga se fundamenta en un impreciso concepto de “comercio ilícito” y en el papel de procura de la salud pública que el Estado se ha autoimpuesto. Pero como destacan los grupos a que he aludido, los estragos en la salud pública que causan el alcohol o la comida-basura, por destacar sólo dos apartados, son infinitamente superiores a los de la marihuana.

– Por otro lado, la crisis ha puesto de relieve el papel que han tenido las cifras fabulosas que se filtran desde el mercado negro del narcotráfico a la economía “blanca” en la formación de las más diversas burbujas especulativas, de las cuales se benefician después personas que pasan por llevar una conducta moralmente intachable.

Es evidente que Barak Obama sopesa los flancos que se abrirían a su alrededor -pues los sectores antilegalización son compactos y poderosos, y están arropados por una corriente de opinión contraria a la legalización- si optara por una política tolerante ante el consumo de marihuana. Aun no tratándose de un tema integrado en el programa de Obama, me parece a mí que la cuestión la tiene abierta.

José Asensi Sabater es catedrático de Derecho Constitucional de la UA.

21 neuronas. El regreso

Juré que no lo vería, seguro como estaba de su contenido, y así lo hice. Consecuentemente, no pensaba escribir sobre el tema.

Pero es tal la polvareda levantada por el programita de marras, que no puedo por menos que dejar constancia del monumental cabreo de los compañeros cannabicos ante la emisión del tendencioso y manipulador bodrio televisivo de la Cuatro. Copio -y suscribo- el comunicado que ha emitido la FAC:

21 días de estupidez y porros

Martín Barriuso Alonso
Presidente de la Federación de Asociaciones Cannábicas (FAC). www.fac.cc

Imaginemos que una “periodista” con ganas pocos escrúpulos profesionales se dedicara durante tres semanas a meterse dosis masivas de alcohol en el cuerpo: Unas cuantas copas de orujo en el desayuno, unos chupitos de güisqui a media mañana, tres litros de Rioja en el aperitivo y así, exceso tras exceso, hasta el coma etílico. Imaginemos que, además, la “periodista” insistiera en hacer su “trabajo” en plena melopea. El resultado, sin duda, sería lamentable. Si, para colmo de amarillismo, la susodicha intentara extraer profundas conclusiones acerca de los peligros de la bebida y se dedicara a dar cancha a ex-alcohólicos partidarios de implantar la Ley Seca como forma de hacer frente al consumo abusivo, está claro que nadie la tomaría en serio.

Pues bien, en el programa “21 días fumando porros”, emitido el pasado viernes 27 de marzo en Cuatro, Samanta Villar, la intrépida “periodista”, hace exactamente eso, solo que cambia el alcohol por el cannabis. ¿Se puede llamar periodismo a semejante ejercicio de irresponsabilidad?

El programa de la Cuatro fue una muestra clásica de manipulación y propaganda anti-drogas en el más rancio estilo. Se alteró el orden de los acontecimientos (el brutal colocón holandés, por ejemplo, se produjo varias semanas antes de rodar el resto) y se eliminaron varios días de material grabado (como la visita a la asociación MACA de Barcelona) para que todo encajara en el guión preestablecido. Se suprimieron los mensajes políticos de las asociaciones cannábicas y se dio un peso exagerado a un pequeño grupo de ex-adictos que no representan ni de lejos la realidad de la mayoría de quienes fumamos porros.

Por otra parte, la aportación del programa al necesario debate social sobre el cannabis, sus beneficios y riesgos, y su situación legal es, sencillamente, prescindible. ¿El cannabis no es inocuo? Ya lo sabíamos. ¿ Los excesos son malos? Vaya novedad. ¿Qué hay gente que haría mejor en no probar los porros en su vida? Es lo que llevamos diciendo desde hace años. ¿Y para eso tanto ruido? ¿Eso es todo lo que Cuatro es capaz de aportar a un debate tan serio?

Por fortuna, no todos los que usamos el cannabis cometemos los estúpidos excesos de la periodista de Cuatro. La inmensa mayoría de personas usuarias de la planta somos gente normal y no tenemos graves problemas debidos a nuestro consumo. Pero, sobre todo, solemos ser gente responsable que afronta las consecuencias de lo que hace. En cambio, la penosa imagen final de Samanta Villar, jurando que, tras el brutal atracón de cannabis que se acababa de pegar, nunca más volvería a fumar un porro, evoca sin remedio al típico irresponsable que, tras desoír los consejos de todo el mundo y emborracharse hasta las cejas, asegura por la mañana, en plena resaca, que nunca volverá a beber.

Las actuales políticas de drogas son un desastre que causa más daños que las propias drogas, como acaba de reconocer la Comisión Europea en un reciente informe. La vigente regulación legal sobre el cannabis, además de alimentar un inmenso mercado negro de naturaleza mafiosa y deteriorar la calidad de producto, coarta la libertad de millones de adultos y dificulta el acceso a los enfermos que podrían beneficiarse de sus propiedades medicinales, sin conseguir impedir a cambio el acceso de los adolescentes a la sustancia. La reforma de ese marco legal es una cuestión de gran calado social y debe abordarse con seriedad, basándose en datos sociológicos y científicos, no en los prejuicios y experiencias de unos cuantos profesionales del engaño y la telebasura.

Tras publicar la entrada, me comunican que el texto va a ser firmado, además, por ENCOD, ENLACE, FAC, FAUDAS RCN-NOK, Jose Carlos Bouso, Fernando Caudevilla Gálligo, y las revistas: Cañamo, Spannabis Magazine y Soft Secrets.

Estos colectivos, partidos políticos, empresas y asociaciones, anuncian posibles acciones legales contra la productora.

PP: contra la ‘frivolidad’, mordaza

Andar fijándose en exceso en los movimientos (o en la ausencia de ellos) del Partido Socialista, hace que con frecuencia olvidemos que el Partido Popular también tiene sus ideas en materia de drogas. Y no por provenir desde una postura clara, son menos preocupantes.

Como ejemplo, la reciente propuesta del popular Jesús Ramón Aguirre, en la última reunión de la Comisión Mixta para el Estudio del Problema de las Drogas, en la que pedía al Gobierno que ‘ataje’ (sic) la ‘frivolización’ (sic, de nuevo) con la que, según el senador, los medios de comunicación tratan el problema de las drogas.

Es decir, no ya que se aconseje sobre los contenidos -que tiene tela- o se impulse la autorregulación y las buenas prácticas -como de hecho se pretende-, sino que se juzgue algo tan subjetivo como la teórica ‘frivolidad’. Y, lo que es peor, que se actúe contra los medios.

Porque, aunque se muestran de acuerdo en la búsqueda del necesario consenso sobre buenas prácticas, en tanto este no llegue, demandan censura. O, según las eufemísticas palabras de Aguirre:”el Gobierno debe estar alerta y actuar en consecuencia”.

El Ministerio de Sanidad no ha dudado en rechazar la propuesta. Como explicaba el secretario general, José Martínez Olmos: “la frivolización es una percepción que se puede tener desde la perspectiva científica o social, pero puede haber quien piense lo contrario” y el Gobierno está legitimado únicamente “a difundir información sobre evidencia científica”.

21 neuronas

Esa es la suma total de células cerebrales que juntan entre todos los responsables del impresentable ’21 días’, de La Cuatro.

Tras someter a la reportera del programa a una sesión de camping-playa con indigentes (oig) y a una dieta radical, en la tercera entrega pretenden que la intrépida -a la par que descerebrada- Samanta Villar pase los 21 días preceptivos … fumando porros sin parar.

Supongo que con tal delirio lisérgico pretende demostrar las propiedades nocivas del cannabis, y la cámara nos mostrará seguro cómo la Villar sufre bajones de tensión, vómitos, pérdidas de memoria, temblores, ataques de pánico …

Dejando de lado el nulo valor científico de esta salvajada ¿Qué es lo que pretende recrear? Nadie consume cannabis hasta la extenuación, no tiene sentido alguno: todos los efectos agradables del THC desaparecen cruzando determinado umbral. Llega el abotargamiento y la abulia, efectos que ningún consumidor, por compulsivo que sea, busca. Por contra, estoy seguro de que la periodista no se detendrá hasta que caiga redonda.

En la misma línea cafre, me atrevo a sugerirles a los guionistas los siguientes desafíos para su amazona:

– 21 días bebiendo agua sin parar. Demostrará las perniciosas propiedades del H2O.

– 21 días tomando cafés y coca-colas. A ver si sigue despierta.

– 21 días consumiendo alcohol sin medida.

– 21 días bajo la ducha del baño.

– 21 días practicando sexo anal.

Y así hasta que haga de todas sus rutinas una obsesión, para demostrar finalmente la perogrullada de que TODO, en exceso, es pernicioso.

El programa se emite el último viernes de Marzo. Les recomiendo encarecidamente que se lo pierdan.

¿Debería despenalizarse el consumo de cannabis?

Y no lo preguntamos nosotros, que lo tenemos muy claro, sino el diario El Pais.

En su edición de ayer, publicaba un magnífico artículo sobre la situación legal del cannabis en España, los clubes de catadores, las plantaciones colectivas y el uso medicinal. Todo un ejemplo de periodismo veraz y desapasionado (justamente lo contrario que les pide el PNSD, sediento de alarma social).

En la edición digital está acompañado de una encuesta, con una pregunta muy simple: ¿Debería despenalizarse el consumo de cannabis?

A la hora de escribir esto, el porcentaje de votos positivos es del 90%

¿Y aún nos lo preguntamos?

© 2008 Tema Yerba Garden 1.0 por El Insomne y Hashman